Una taza de té

17/04/2018

Una taza de té

Érase una vez una mamá que acostumbraba a tomar un té caliente cada noche justo antes de irse a dormir. No había noche que ella no tomara su té, incluso cuando se iba e viaje, siempre llevaba su té consigo.

Era una tisana diferente al resto de las que había en la casa, tampoco la compraba en ninguna tienda en concreto, sin embargo se las apañaba para que nunca le faltara su tazón secreto cada noche. Era su medicina y sin ella, le resultaba muy difícil vivir.

Un día, la más pequeña de sus hijas le preguntó; mami, ¿me podrías decir de qué está hecho tu té? Es que sólo tú conoces la mezcla, y huele demasiado bien. Tengo mucha curiosidad por saber de qué está hecho.

Entonces la mamá le contó una historia; sabes, hija, cuando mamá se va de viaje a esos retiros que hace una vez al año, es en esos lugares donde mami recoge las hierbas para su té.

Pero mamá, si cada año viajas a lugares diferentes, ¿cómo encuentras siempre tu té en esos sitios? -dijo la niña.

- A lo largo del año, los ingredientes del té que me tomo cada noche me ayudan a seguir en pie cada día y dar lo mejor de mi, sin embargo los ingredientes varían tanto en cantidad como en variedad dependiendo de lo que voy necesitando, además la naturaleza es muy sabia y me ayuda siempre a elegir el mejor destino para encontrar lo que estoy buscando. -le dijo su madre con una sonrisa.

En este último retiro mami encontró todas estas plantas y semillas: el ingrediente principal es amor, luego lleva un poquito de serenidad y confianza a partes iguales, después una pizca de energía, también lleva imaginación y semillas llenas de ganas de soñar, he añadido también un poco de integridad, hierbas de la paciencia y una buena dosis de amistad y generosidad.

A veces, necesitamos salir de nuestro entorno, de nuestra zona de confort, de nuestra identidad y buscar refugio allá donde podamos recibir con las manos abiertas.

Y es que las mujeres tenemos la costumbre de nutrir y entregarnos  tanto que a veces se nos olvida ocuparnos de nosotras mismas. Se nos termina el té. Y sólo podemos dar todo lo que tenemos dentro si estamos plenas, si nos hemos ocupado de aprender también a recibir. 

Gracias querida @veroblume por ayudarme a llenar mi bolsa.

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