Mírate por la mañana

01/02/2018

Mírate por la mañana

Recién levantada, sin haberte lavado ni la cara,

sin haberte tomado el primer café,

sin esa ducha que despeje los sentidos más aturdidos. 

Que sea esa primera mirada, ese primer encuentro con el espejo,

lo que te sitúe en el plano de la realidad más absoluta.

En el calendario de la edad cumplida,

de los años vividos y de cómo has llegado hasta aquí.

Así, a pelo, en crudo, sin hacer.

Así, antes de que el jabón, el desodorante, el cepillo y el maquillaje dejen su rastro...

Así eres tú.

Y créeme, no hay mejor selfie de uno mismo.

Te invito a mirarte de este modo aunque sea por unos instantes de vez en cuando.

Lo hago para que no te confundas, para que no te creas quien no eres. 

Por comenzar partiendo de la base, de lo que uno es en realidad

y no de lo que es capaz de hacerse a sí mismo a lo largo del día, de los años, del tiempo.

Conectando con la imagen que el espejo de la mañana te devuelve de ti misma cada día, 

aprenderás mucho mejor a aceptar.

Sabrás vencer la distancia entre quien eres y quien te imaginas que eres.

Y cuanto menos distancia crées entre la imagen de la mañana y la que se enfrenta al mundo cada día,

mucho mejor.

La aceptación de uno mismo se materializa en forma de serenidad,

y un semblante sereno es a su vez una forma sutil de belleza.

Este sencillo ejercicio conecta directamente con las partes más bellas que hay en ti,

que son las que nunca cambian, las que el tiempo no puede modificar, ni llevarse.

No lo hagas tú. 

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