Las edades de la belleza V.

10/05/2018

Las edades de la belleza V.

Entre los 40 y los 50 estamos en plenitud a todos los niveles y nos hemos convertido en auténticas funambulistas para aprovechar hasta el último recurso que llega a nuestras manos, pero también encontramos la manera de dar rienda suelta a nuestros caprichos y os puedo asegurar que somos nosotras las que consumimos la mayor parte de la industria cosmética. Compramos para nosotras con más ímpetu que nunca, porque nos gusta cuidarnos y lo sentimos como un derecho y una necesidad, y al mismo tiempo, compramos para nuestros hijos, nuestros maridos, nuestros padres, nuestras amigas y amigos...

Aunque de sobra sabemos que esta década no trae sólo poder y gloria, uy, no, no, no... ni mucho menos. También nos trae un cansancio al final del día que antes no sentíamos. Empezamos a decir eso de... yo antes me iba de marcha y al día siguiente estaba tan fresca. Ahora no puedo con mi alma cuando llega la noche.

Y es así de cierto, nos cansamos más, dormimos peor y la carga de estrés y responsabilidades adquiridas no ayuda mucho. ¡Pero por ganas que no sea! Nosotras nos apuntamos a todo, todo nos gusta, queremos salir, viajar, cuidar de nuestros momentos entre amigas, queremos ser las mamis más dulces y buenas, las mejores amantes y lucir un cuerpo 10 y sin darnos cuenta, tenemos la agenda repleta de exigencias. Ayyyy, ¡cuánto tenemos que aprender!

En mi opinión, no estaría de más bajar la guardia un poco. La perfección no existe y también es ahora cuando empezamos a aceptar esta verdad como propia y algunas nos permitimos un poco de flaqueo, unos kilitos de más por aquí, unas patitas de gallo por allá, la celulitis veraniega, las canas un poco más a la vista...

Y del mismo modo que cuando fuimos adolescentes nos tocó aceptar esos cambios que nos convirtieron en mujeres siendo niñas, ahora toca atravesar el paso a la madurez y aceptar los nuevos cambios físicos y emocionales que nos impone el paso del tiempo.

Lo peor: cierta pérdida de masa ósea, un sueño menos uniforme, un metabolismo más lento, mayor retención de líquidos, cierta pérdida de memoria, cambios menstruales, se reduce la producción de estrógenos...

Lo mejor: todo sucede a un ritmo mucho más lento que en la adolescencia y además la vida nos ha regalado una mayor claridad mental, relativizamos y analizamos los problemas con una perspectiva más práctica, conocemos el entorno individual y global como nunca y analizamos a las personas en segundos, tenemos mayor capacidad de organización y somos expertas en multitareas, conocemos nuestras limitaciones y nuestras virtudes y sabemos sacarles el mayor partido.

Es cierto que a los 40 todo esto molesta un poco, y pienso que es porque en el fondo, sabemos que por muy bien que estemos o por muy mal... ya no hay vuelta atrás, ya no regresaremos a esos momentos donde hagas lo que hagas, todo sigue igual; tu piel, tu pelo, tu culete... Ahora vamos en picado a convertirnos en otra cosa.

¿En qué? Pues en mujeres de verdad. En esas que tienen el paso del tiempo escrito en su piel. Y ahora toca decidir cómo queremos que sea esa marca. ¿Discreta, sintética, fuerte, salvaje o invisible? ¿En qué tipo de mujer me voy a convertir? Mucho cuidado, porque las decisiones que tomemos a partir de ahora queridas, sí. ¡Pasan factura!

Os dejo una selección de productos para levantar el ánimo y querernos más que nunca antes y os espero en el resto de nuestras vidas.

¿Nos vamos a ver qué nos depara el futuro?

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