Costa Rica 2019

11/02/2019

Costa Rica 2019

Para los que no me conocéis muy bien aún, el placer de viajar me viene heredado de mi madre, una viajera incansable que ha recorrido el mundo desde que era muy joven y siempre nos ha inculcado este modo de vida. Para nosotros, una familia de ocho miembros, las navidades se han convertido en el momento del año más deseado porque tenemos la suerte de poder viajar todos juntos a un destino diferente cada año.

Es el legado que quiere dejarnos mi madre, la súper abuela, que siempre dice que en los viajes se aprende mucho de la vida y ella quiere que sus nietos la recuerden así, descubriendo nuevos lugares juntos. Desde que somos padres, los viajes han sido algo más tranquilos, buscábamos pasar tiempo juntos pero también que los niños disfrutaran de unas vacaciones sencillas, sin demasiados sobresaltos. Al fin y al cabo, cuando son pequeños lo único que quieren es sentirse arropados por los suyos y disfrutar de playa, sol, piscina y alguna que otra excursión, por lo que en los últimos años hemos optado por viajes a lugares del Caribe como Punta Cana o México, los típicos Resorts con mucho entretenimiento y playas paradisiacas, perfecto para desconectar y poder descansar sin demasiados movimientos.

Sin embargo, este año con nuestros chicos ya de 9 y 10 años, hemos decidido cambiar de estrategia y buscar algo con un poco más de aventura. Y Costa Rica ha sido un antes y un después en nuestros viajes navideños. Teníamos algo de reparo inicialmente porque este era un viaje de más traqueteo, cambiando de hotel y de lugar cada dos noches y varias horas en autobús recorriendo distancias largas. Mucha selva, mucho bicho, mucho madrugón… Pensábamos que podría salir regular, sin embargo, ha sido el mejor viaje de todos.

Muchas me habéis preguntado si es un buen destino para viajar con niños, y sinceramente creo que es una gran opción para ellos. Es un país muy evolucionado en cuanto al cuidado y respeto del medio ambiente, con una educación ecológica impresionante ya que gran parte de su economía depende del turismo y el tipo de turismo que visita Costa Rica está estrechamente vinculado al disfrute de la naturaleza. En este viaje hemos explorado ambas partes del país, la zona Tropical y la zona del Pacífico. Nuestro recorrido ha comenzado partiendo de la capital, San José, en la que sólo pasamos la primera noche, continuamos hacia la laguna de Tortuguero, después de un par de días aquí salimos a la zona del Arenal, continuando hacia Monte Verde y el Bosque Nuboso y por último un par de días descansando en el Parque Nacional de Manuel Antonio.

Lo que más pereza me daba en un principio era el tema de los equipajes, cómo organizarlos para no crear un caos en cada destino, pero ha sido facilísimo. Los niños llevaban cada uno su maleta, con su ropa seleccionada previamente para cada uno de los destinos, llevábamos ropa de montaña, playa y para las noches, pero todo súper informal. Se han organizado de maravilla guardando su ropa cada noche y preparando la del día siguiente, sus mochilas también siempre listas con todo lo necesario para lo que tocara cada día y esa preparación ha resultado ser de lo que más han disfrutado. Tener esa independencia y prepararse el plan con antelación ha sido todo un acierto y ellos se han sentido parte del grupo y no simplemente acompañantes. Hemos tenido también mucha suerte con el clima y la verdad es que la organización del viaje por parte de @viajeselcorteingles ha sido espectacular, todo muy cuidado y calculado al milímetro, fundamental cuando viajas pocos días y con peques.

Lo que más me ha gustado, los hoteles tipo Lodge, sencillos, pequeños y muy integrados en la naturaleza. Disfruto mucho este tipo de alojamientos singulares y con todo el sabor de los lugares que visitamos. Y a nivel personal me ha encantado ver a los niños superarse y enfrentarse a retos nuevos cada día. Olivia, por ejemplo, decidió tirarse por la última fase de las tirolinas, el salto del Tarzán, una caída libre de 40 metros. Cuando llegó y vio que había que saltar se dio media vuelta corriendo porque no quería hacerlo, su hermana y su primo no se tiraron tampoco, pero a medio camino cuando estaba huyendo despavorida, decidió volver. Dijo, "es que si no lo hago me voy a arrepentir toda la vida", así que con sus 9 añitos y un par, se puso de nuevo en el punto de salida y saltó.

Esta y muchas otras anécdotas familiares son las que nos traemos de vuelta en la mochila, junto con la enorme sensación de gratitud por poder hacer lo que hacemos cada año todos juntos. Estos planes nos permiten soñar y pensar que el mundo nos pertenece, aunque sólo sea por unos cuantos días, enseñarles a nuestros hijos que este es nuestro planeta, que el mundo es un lugar precioso, lleno de contrastes y abierto a todas las culturas. A mi me han educado así y siempre he visto el mundo como parte de mi, no se me hace grande ni existe un lugar demasiado lejano, al contrario. Y este es el modo en el que seguimos educando a nuestros hijos ahora, una parte de su vida viajando en familia es de las mejores cosas que podemos hacer por ellos y por nosotros.

Ya estamos preparando el siguiente destino...

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